Page 422 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            hijos... ¡Mis hijos! ¡Mis hijos! La anciana soltó la espada

            y se cubrió el rostro con las manos... A pesar de sus

            dolores y sus heridas, y de la terrible presión que las


            ligaduras ejercían sobre sus miembros, Sergio no pudo

            dejar de sentir una ligera compasión por este extraño


            ser, al par que un penetrante sentimiento de que iba a

            hacer cualquier cosa, lo que fuera, con tal de salir de

            allí con vida.


               —Y ahora... —continuó la vieja, recogiendo de nuevo


            la refulgente espada, y azotando el aire con ella, sin

            hacerle caso alguno—. Ahora me torturan... saben que

            cuando me arrojaron de allí mi nave cayó en Africa...


            Era  joven,  y  mucho  más  hermosa  que  ahora...  Los

            mandriles  me  hubieran  matado...  pero  les  asustó  la

            nave,  cayendo  del  cielo,  con  su  paracaídas  grande,


            grande, grande, abierto como las alas de un pájaro...

            Pero  de  arriba  me  torturan...  me  mandan  visiones


            horribles,  que  me  muerden  entre  las  piernas,  en  el

            vientre,  en  la  garganta,  me  desgarran,  y  me  gritan...

            «¡Dánosla! ¡Dánosla!»...



               —Si  me  sueltas  —dijo  Sergio—  ;yo  te  llevaré  a  la

            Ciudad otra vez...


               —No; allí no. Me torturarán... a pesar de haber hielo

            y  cosas  bonitas...  Bajan  los  demonios...  ¡pom,  pom,


            pom! y me tocan por las noches... me muerden... me

            rompen los dedos... Hace dos años, uno de ellos me

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