Page 417 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
ver que era una habitación no muy grande, con las
paredes cubiertas de burdos tejidos llenos de dibujos
grotescos y chafarrinones de pintura... Al fondo había
una masa de cojines de palma, algunas banquetas, y un
montón indescriptible de ropas, botas, armas, y objetos
diversos entre los cuales Sergio pudo reconocer su rifle
y su mochila, además del cinturón de Marta y algunas
otras cosas pertenecientes a los expedicionarios. Había
también fusiles oxidados hasta un grado increíble, lo
que daba idea de su vejez, y sombreros o calzado que
se caía a pedazos, comido a lo largo de los años por la
humedad y las bacterias... Una caja de madera,
volcada, derramaba sobre el suelo frascos de
medicinas y botellas de licor, cubiertas de verdín; un
cofre de cuero, con los costados desgarrados, dejaba
escapar una tela estampada chorreante de humedad...
En las paredes, cestos de teas ardían con vibrante luz,
soltando gotas de brea sobre el suelo. Quizás hubiera
ventanas, pues las groseras cortinas se movían
suavemente, como bajo los impulsos de una brisa, pero
ni un rayo de luz diurna entraba en el asfixiante
recinto. En dos toscos pebeteros hechos de piedra
ardían resinas aromáticas, desparramando por la
estancia un humo espeso y adormecedor...
—Atadlo —dijo la figura velada, hablando
claramente por primera vez. Pero la voz había sido tan
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