Page 425 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
P. 425
Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
por la noche... Creí que iba a volverme loca, pero no...
Y no tuve valor para matarme. Y yo no puedo dársela,
cuando la piden, como no puedo darla a vosotros...
¿Para qué la queréis? ¿Para qué la queréis esa maldita
Piedra de Luna?
—Teníamos que llevársela a un hombre... a un tal
Herder.
En la faz arrugada de la vieja hubo una horrible y
repentina transformación. Los ojuelos legañosos se le
salieron de las órbitas; la boca se abrió como la
hedionda sima de un pozo negro, mostrando unos
dispersos colmillos amarillentos... Un ruido silbante
que parecía venir de todas partes sobresaltó a Sergio
hasta que se dio cuenta de que era el contenido aliento
de la vieja que se escapaba, como un chorro de vapor,
de sus pulmones... Trastabillando, con la espada en
alto, tropezando sobre la pila de almohadones, la bruja
descendió gruñendo sordamente, como una fiera
enfurecida. La expresión de sus ojos y de su rostro
revelaba una furia tan demencial, que Sergio se sintió
sobrecogido por el terror...
—¡¡Herder!! —aulló la vieja, en el paroxismo de la
ira—. ¡¡Herder!! ¡El... él!
La espada descendió velozmente y Sergio encogió el
vientre, instintivamente, tratando de evitar el golpe
425

