Page 418 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
P. 418

Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            débil que Sergio sólo pudo darse cuenta de que era una

            mujer, sin poder concretar la edad. La figura velada se

            dejó caer sobre la pila de almohadones, y tomó de una


            bandeja, a su lado, un puñado de bayas.


               Los  mandriles,  procurando  hacerle  todo  el  daño

            posible,  ataron  los  pies  de  Sergio  con  una  correa  de


            cuero crudo; con otra le rodearon la cintura, y le ataron

            las  muñecas,  dejándole  los  brazos  delante,  pero

            cuidadosamente  anudadas  las  ligaduras  a  la  correa


            pasada por la cintura. Después, lo arrastraron hasta la

            figura velada, y lo dejaron caer brutalmente sobre el

            suelo. De los labios de Sergio, aunque se los mordía


            para  evitar  una  expresión  de  dolor,  se  escapó  un

            quejido.


               La  figura  hizo  un  gesto  con  la  mano,  y  los  dos


            mandriles  dirigiendo  miradas  de  deseo  hacia  la

            postrada figura, se retiraron, charloteando entre ellos.

            Uno  cerró  las  dos  hojas  de  una  puerta,  que,  según


            Sergio  pudo  ver,  eran  de  acero  deteriorado,  en  otro

            tiempo pintado de gris mate. Aún se conservaba sobre


            el  oxidado  metal  algún  rastro  de  pintura,  e  incluso

            algún  trazo  blanco  rectilíneo  que  podía  haber

            pertenecido a un letrero o aviso.


               —¿Quién eres? —dijo Sergio, retorciéndose sobre el


            frío  suelo.  Observó  que  era  de  las  mismas  losas  de

            mármol  blanco  que  formaban  el  pavimento  en  el

                                                           418
   413   414   415   416   417   418   419   420   421   422   423