Page 423 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
arrancó este dedo de un bocado... Era grande, grande,
con tres cabezas, de cerdo, de rana y de persona. Me
mordió, mientras gritaba: «¡Dánosla! ¡Dánosla!»...
La vieja tomó un jarro de arcilla y bebió un largo
trago, dejando que el amarillento arak resbalase por
sus mejillas. A través de las cortinas comenzó a llegar
un lejano griterío, mezclado con cánticos roncos y
apenas audibles. La expresión de la vieja cambió
completamente... Sus ojos, que estaban como
adormecidos por la charla que mantenía para sí misma,
se volvieron de pronto lúcidos y crueles, como
pequeñas joyas malignas, y se fijaron profunda e
insidiosamente en Sergio...
—Tú también bajaste de la ciudad. ¿Para qué viniste
aquí?
Sergio pensó que no valía la pena mentir. Pero antes
de que pudiera contestar, la vieja se puso en pie, como
una viva imagen de la locura, y alzó la hoja de la
espada sobre su cabeza.
—Si no hablas te entregaré a los mandriles... Ellos
queman a sus prisioneros, vivos... violan a las mujeres
y a los hombres... les sacan los ojos y echan sal en las
órbitas... llenan la boca de plomo fundido... arrancan
los dientes... meten gusanos de cocotero en los oídos...
arrancan las uñas con tenazas al rojo... Si hablas, trataré
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