Page 430 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
al frente, oscilando como un borracho... y la figura gris,
gimiendo aún, permaneció inmóvil... Por un instante le
pareció ver... lo hubiera jurado, pero no podía ser
cierto, la espada silbaba ya cayendo, o quizá si lo era,
sí; un ojo vivo y cruel, brillante como una piedra
preciosa, a través del velo gris, mirándole fijamente,
espiándole esperando a ver qué hacía... La espada
silbaba en el aire, tardando en caer, horas, días...
La vieja se derrumbó sin un grito, con la cabeza
abierta, cayendo sobre los tapices y las almohadas y
cubriéndolas con un torrente de sangre...
Sin poder olvidar la lancinante mirada que la vieja le
dirigiera en sus últimos instantes, Sergio comenzó a
tomar, torpemente, su desgarrada ropa. Casi lanzó un
aullido de dolor cuando se endosó la rasgada guerrera
y se colocó los agujereados pantalones. La áspera tela
rozaba como si fuera ácido sobre las llagas, los golpes,
los verdugones... Sentía que recobraba poco a poco la
conciencia; los muros no oscilaban tanto; no surgían
absurdas imágenes de las paredes... Sin embargo, el
griterío infernal del exterior había llegado a un
paroxismo salvaje, tan bestialmente intenso, que
parecía como si los oídos humanos no pudieran ser
capaces de soportarlo. Recogió el rifle, y comprobó los
cargadores; quedaban tres, uno de ellos, el cargador
dorado. Introdujo apresuradamente en el zurrón el
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