Page 431 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            montón de bayas que la vieja tenía al lado, así como

            también unas tortas de harina, redondas, bastamente

            cocidas. La cantimplora aún tenía algo de agua en su


            interior, pero eso era lo que menos le preocupaba.


               Al mismo tiempo que iba recobrando la conciencia y

            la estabilidad, los dolores volvían a hacerse más vivos.


            Por fin, tras una intensa búsqueda, encontró su reloj.

            Después, lentamente, se acercó a la puerta de acero...

            Introdujo, sonriendo salvajemente, un cargador en la


            aceitada  recámara  del  rifle,  y  corrió  el  cerrojo  para

            alimentarlo.  Miró  el  indicador;  los  propulsores

            magnéticos  disponían  aún  de  media  carga  por  lo


            menos. Después, con la helada sonrisa en los labios,

            comenzó a entreabrir la oxidada puerta.


               Los dos mandriles gigantescos, u otros parecidos a


            ellos, estaban tendidos sobre los escalones, con varios

            frascos de barro, vacíos, caídos a su alrededor. De uno

            de  los  recipientes  se  había  escapado  un  chorro  de


            amarillento  licor  que  se  cuajaba,  pegajoso,  sobre  la

            húmeda piedra. Fríamente, Sergio colocó el cañón de


            su  fusil  sobre  la  frente  de  uno  de  los  mandriles;

            después, sin que su dedo temblase, apretó el gatillo.

            Hubo  un  «plaf»  sordo,  y  el  cuerpo  peludo  se


            desmadejó.  Sergio  giró  el  fusil  y  apuntó  al  otro

            mandril,  que  continuaba  durmiendo,  lanzando

            borboteantes  ronquidos  de  borracho...  Más  tarde,


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