Page 432 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
caminó silenciosamente sobre sus pies descalzos a lo
largo de la bóveda cubierta de fango y excrecencias
gelatinosas... Al fondo, tras un recodo, surgía el rojizo
relumbrar de las antorchas... Sintiendo en sus dedos el
helado contacto del limo que cubría el suelo, Sergio
asomó un ojo por el recodo... Allí estaban otros dos,
esta vez despiertos frente a la reja de bambú, con
sendos frascos de licor a su lado, charloteando
acremente, y metiendo de vez en cuando una aguzada
lanza a través de los barrotes... Un sordo gemido surgía
de la prisión cada vez que lo hacían... Sergio comenzó
a alzar el rifle, pero se detuvo un momento para
comprobar que la relumbrante espada seguía
pendiente de su cinto...
Después, con la misma calma que si estuviera en un
concurso de tiro, dio la vuelta a la esquina y disparó
dos veces. Una de las bestias cayó fulminada, con un
limpio agujero entre las cejas; la otra, herida en una
cadera, se revolcó por el suelo, entre aullidos...
Sergio avanzó rápidamente, extrayendo la espada.
Sentía unos insanos deseos de acabar con aquella
basura viviente. Cuando la silbante hoja de la espada
cortó el cuello del salvaje no experimentó ningún
remordimiento, ni ningún escrúpulo; sólo sintió que
había una menos de aquellas repugnantes bestias.
—¡Sergio!
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