Page 436 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            tiene buen aspecto. Abuelo Jones, Zacarías, cuidad de

            María;  si  es  preciso  la  amordazáis  para  que  calle.

            ¿Tenéis  de  todo?  Armas,  cantimploras,  pólvora,


            cuchillos...  botas...  no  quiero  a  nadie  descalzo.  Tú,

            Sergio, hijo mío... estás dormido. Ponte las botas.


               A través de una nube, Sergio sintió que la dura mano


            de Marta le hacía sentarse, y que después, cogiéndole

            los  doloridos  pies,  intentaba  calzarle  las  botas  de

            montaña. Trató de ayudarla con débiles movimientos,


            pero casi no se dio cuenta de nada. Vio que el capitán

            Grotton  levantaba  una  de  las  cortinas,  y  volvía  a

            cerrarla,  apresuradamente,  mientras  Marta,  con  el


            ensortijado pelo rojizo caído sobre la frente, procedía a

            atar los sucios cordones.


               —Gracias... —dijo Sergio, débilmente.


               —¿Te quieres callar, tonto? ¡No seas tan finolis!



               —Esa  parte  da  a  la  explanada...  —dijo  el  Capitán

            Grotton sentándose junto a ellos, como una gigantesca

            rana—. Han debido beber y comer como condenados,


            de ese maldito licor que destilan. Por cierto, Sergio, ahí

            veo un frasco... ¿serías tan amable de...?


               —¿Quieres  dejarlo  en  paz  y  cogértelo  tú,  viejo

            holgazán? —dijo Marta, alzándose como una leona—.


            ¿No ves cómo está? ¿Qué te han hecho, Sergio?


               —Bueno, Marta, no seas bruta; parece mentira, con


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