Page 119 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 119

—No  nos  vamos  a  sumergir  ni  a  naufragar.  Esta

            nave es un titán.


                  De pronto, Clea se llevó la mano a la boca, dio una


            arcada y salió corriendo hacia la letrina.


                  Néstor vaciló un momento; después se dijo que ella

            había  reclamado  su  presencia  como  médico,  así  que


            cerró el postigo y la siguió.


                  Para su sorpresa, el camarote disponía de un baño

            completo.  En  el  centro  había  una  gran  bañera  de

            mármol verde con grifos dorados, y en la parte derecha


            dos  pilas  más  pequeñas.  Una  de  las  paredes  estaba

            recubierta  de  cobre  bruñido  a  modo  de  espejo  y  las


            otras  tres  de  azulejos  esmaltados  al  estilo  babilonio.

            Seguro que a Alejandro, con su obsesión por lavarse

            todos los días de cuerpo entero, le encantarla ese baño.


            Por Higía, mi mismo me encanta, se dijo.


                  Clea  estaba  agachada  sobre  la  letrina,  un  agujero

            practicado sobre una grada de madera. Néstor estaba a


            punto de agacharse a ayudarla cuando Ada pasó a su

            lado  casi  empujándole  y  agarró  a  su  señora  por  los

            hombros. La muchacha se incorporó a duras penas y se


            tambaleó hasta uno de los pilones.


                  —¿Te  importa  salir,  señor?  —dijo  Ada—.Ya  me

            encargo yo. —Déjale en paz y sal tú —le ordenó Clea.


                  —Pero, señora, es un...




                                                              119
   114   115   116   117   118   119   120   121   122   123   124