Page 114 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 114
—Es posible.
—Además, nadie se ha muerto por un mareo.
—¡Que se joda! —resumió el piloto.
—Eso de cabalgar la tormenta, ¿qué quiere decir
exactamente?
—El líbico está soplando paralelo a la costa, así que
vamos a dejar que nos entre por popa y seguir su
dirección. En realidad, navegaremos en largo hacia
barlovento para asegurarnos de que durante la noche
no nos acercamos a la costa.
—¿Durante la noche? ¿Vamos a seguir en alta mar
toda la noche? Hermolao asintió.
—Me temo que sí. Esto no va a amainar. Todo lo
más, empeorará. Ahora, es mejor que vuelvas bajo
cubierta.
El capitán se alejó de él mientras daba órdenes para
girar las vergas de modo que recibieran el viento por
estribor. La Anfítrite viró poco a poco y, al cambiar de
dirección y renunciar a luchar contra las olas, dejó de
balancearse con tal violencia.
El tercer piloto se ofreció a acompañar a Néstor.
—El capitán sabe lo que hace —le dijo—. Si alguien
puede salvar esta nave, es él.
—¿Salvarla? ¿Tan mal están las cosas?
114

