Page 116 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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a los soldados, pero al ver a Néstor trataron de ponerse
firmes por dignidad. Cuando la puerta se cerró a sus
espaldas pudo oír las arcadas de uno de ellos. El
camarote de Clea estaba decorado con el lujo de una
alcoba palaciega. En vez de una litera adosada a un
mamparo, como el de Néstor, tenía un lecho taraceado
con incrustaciones de oro y marfil; las patas de bronce,
clavadas al suelo, eran caballitos de mar a juego con los
enormes mascarones de las proas de la Anfítrite. Las
paredes y el suelo estaban decorados con tapices persas
y bactrianos, y también se veían armarios roperos y
cofres tallados en palisandro de la India. En un rincón
había una mesa rodeada por taburetes y dos amplios
divanes, y en otro un escritorio fijado a la pared y una
silla con brazos y respaldo. El camarote tenía cuatro
ventanillas cerradas con postigos y dos claraboyas fijas
cubiertas con láminas de mica.
Clea estaba tendida en la cama, doblada sobre sí
misma y abrazada a un almohadón. El cobertor estaba
arrugado y tenía manchas en una esquina. Al parecer
Clea no había conseguido llegar a tiempo al cubo que
había a los pies del lecho; una lástima, pensó Néstor,
porque la colcha que acababa de ensuciar estaba
recamada con perlas e hilos de oro y de plata.
La joven vestía una túnica clara de color lavanda
que con los movimientos se le había arremangado
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