Page 142 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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fue hasta que lo vieron desnudo y tuvieron que
reconocer que lo que le colgaba ahí abajo, aunque le
sirviera de poco, guardaba justa proporción con sus
enormes manos.
Otra rareza que lo apartaba de los demás era que no
le gustaba jugar a los dados. Demetrio, aficionado a
agitar el cubilete de vez en cuando, comprendía el
motivo. Los dados tenían números, y los números eran,
junto con las estrellas, la pasión de su hermano; pero
sólo si él los podía controlar, no cuando aparecían al
azar sin seguir ninguna secuencia lógica. Además,
Euctemón le tenía mucho apego a su dinero. No
invitaba a vino ni aunque lo mataran, lo cual no
contribuía a aumentar su popularidad. Demetrio
compraba de vez en cuando una jarra y la repartía entre
sus compañeros de tienda diciendo que era de parte de
su hermano, pero Euctemón, que no sabía fingir ni
disimular, enseguida le desmentía.
—Vaya castigo te ha caído con tu hermano,
Demetrio —le decían los camaradas, compadecidos. Él
no lo consideraba así, pues entendía que la forma de
ser de su hermano no era culpa suya, sino que se debía
a una tara familiar de la que sólo el propio Demetrio se
había salvado. Euctemón tenía veinticinco años, cuatro
más que Demetrio, pero no era el primogénito.
Filodemo, el hermano mayor de ambos, habría
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