Page 147 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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mientras aquel bastardo dormía en su cama, comía en
su mesa y sin duda se refocilaba con sus esclavas.
—¿Qué haces?
Demetrio levantó la mirada y saludó a Dionisidoro
con una sonrisa. Era ateniense también, aunque de la
zona del Laurión; un tipo corpulento y cachazudo que
se tomaba con paciencia las burlas sobre su abultada
barriga.
—Le estoy preparando el almuerzo a mi hermano.
Cuando está así ni se acuerda de comer.
En una bandeja de estaño colocó un bollo de pan
que él mismo había amasado y cocido para que tuviera
forma esférica, una porción de queso de cabra cortada
como un triángulo isósceles y diecisiete aceitunas.
—¿Por qué las cuentas? —le preguntó Dionisidoro.
—Tiene que ser un número primo, no menor que
trece y no mayor que veintitrés. —Tu hermano está más
sonado que los crótalos de Baco —dijo Dionisidoro sin
afán de ofender, casi con admiración.
El cielo había clareado y el sol, más que caer, se
desplomaba sobre sus cabezas. Demetrio se caló el
sombrero y se acercó a la piedra donde estaba sentado
Euctemón, mientras Dionisidoro le seguía por
curiosidad. Tras dejar al lado de su hermano la bandeja
y una jarra de agua mezclada con una sexta parte de
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