Page 146 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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ese día con él.


                  Años  después  le  había  vengado.  Primero  había

            averiguado que el matón era un tal Nicerato. Cuando


            empezó la efebía, tomó lecciones de pugilato con un

            compañero  de  servicio  militar.  Luego,  en  el  mismo


            callejón, ya bien entrada la noche, siguió a Nicerato al

            salir de una taberna y, aprovechando que estaba ebrio,

            le devolvió la paliza con creces. Hubo un momento en


            que se dio cuenta de que si seguía ensañándose con él

            iba a matarlo y lo dejó tirado en el suelo, pensando que

            si acababa con su vida se arrepentiría más adelante.


                  Por una trágica ironía, de lo que se arrepintió fue de


            no haberlo matado. Nicerato era uno de los miembros

            de la turba que asaltó su casa y asesinó a su padre y a


            su hermano. Ahora él y su hermano Nicón, oligarcas

            hasta la médula y miembros del consejo de quinientos

            que gobernaba la ciudad, eran los dueños de su hogar


            y de la fábrica de escudos familiar.


                  Qué  injusta  es  la  vida,  pensó  Demetrio.  Quería

            consolarse pensando que tarde o temprano llegaría el


            día  de  la  retribución,  que  cuando  se  asentara  la

            situación y se restableciera la democracia podría volver

            a Atenas y denunciar a Nicerato ante los tribunales de


            la Heliea. Pero de momento ellos estaban en Posidonia,

            un par de jóvenes arruinados que habían tenido que

            convertirse  en  mercenarios  para  ganarse  el  pan,



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