Page 145 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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puerto del Cántaro. El chico empezó a tocarle en sitios
raros (luego comprendería que quería abusar de él) y,
cuando Demetrio le mordió, empezó a darle puñetazos
en la cabeza y en la espalda.
Aquella calle pasaba por detrás de la tapia trasera
de su casa, de modo que los gritos del pequeño
llegaron hasta su hermano. Recordando las consignas
de su madre, Euctemón salió de su aparente marasmo,
saltó la tapia, corrió hacia el agresor y le golpeó en la
cabeza con una teja. Aunque consiguió escalabrarlo, el
otro chico, que era mayor y mucho más fuerte,
respondió con una patada en el estómago que lo dejó
sin aliento. Después empezó a patearle la cara, y
aunque Euctemón se protegió con las manos, el matón
le abrió una ceja, le saltó dos dientes y le rompió la
nariz, que desde entonces le quedó torcida hacia la
izquierda. Cuando por fin se hartó de golpearle, se
marchó dejándolo medio muerto.
Fue Demetrio, con sus cinco años, quien tuvo que
hacer de báculo para llevarlo a casa. Y también quien
tuvo que llorar por los dos, porque Euctemón no
derramó ni una sola lágrima. Mientras su madre
curaba y cosía las heridas de su hermano, Demetrio le
agarró la mano con fuerza y juró en nombre de
Poseidón, de Atenea y de Zeus el Justiciero que a partir
de entonces le protegería como Euctemón había hecho
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