Page 144 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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o veinte desalmados entraron en su casa y mataron a

            Filodemo y a su padre. Demetrio lloró por este último,


            pero no sintió ninguna lástima por su hermano mayor,

            ya que nunca había encontrado en él un mínimo rasgo

            humano para tenerle cariño.



                  Con Euctemón era distinto. Demetrio creía, o quería

            creer, que tenía buen corazón, aunque resultaba difícil

            convencer de ello a los demás. Era incapaz de llorar por


            nadie: no había derramado una lágrima por la muerte

            de su madre ni por el asesinato de su padre, y mucho

            menos en los funerales de abuelos, tíos o primos. Las


            alegrías  ajenas  también  lo  dejaban  indiferente.  Las

            raras veces en que alguien se molestaba en hablarle, no

            daba la menor muestra de estarle escuchando, aunque


            luego era capaz de repetir sus palabras de memoria.

            Pero  si  alguien  le  pedía  ayuda,  a  veces  incluso  se  la


            prestaba,  siempre  que  no  consistiera  en  dinero  ni

            interrumpiera alguna de sus ocupaciones matemáticas

            o astronómicas.



                  Cuando eran niños, su madre se había esforzado en

            explicar a Euctemón que jamás debía pegar a alguien

            más  débil  que  él,  y  también  le  había  aleccionado  a


            conciencia para que defendiera a su hermano pequeño.

            Uno de los primeros recuerdos de Demetrio era el del

            día en que, sin saber por qué, un chico de doce o trece


            años le atacó en la calle de las Teas, no muy lejos del



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