Page 150 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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susurró.
—¿Por qué tengo que hacerlo? —preguntó él,
también en voz baja.
—Porque a cambio te voy a invitar a una cotila de
vino. ¿Te parece bien?
—Es el más noble de los motivos.
Haciendo caso omiso de sus cuchicheos, Euctemón
se había lanzado a su perorata. Al hablar no les miraba,
lo que hacía su actitud más desconcertante, pues sus
pupilas brincaban entre los dibujos del suelo y un
punto indeterminado situado por encima de las
cabezas de sus dos oyentes. En vez de contestar
directamente a la pregunta sobre los círculos, empezó
desde el principio. Pues Demetrio, que conocía de
sobra a su hermano, sabía que respondía siempre de la
misma forma ante los mismos estímulos.
—¿Qué se observa al contemplar hacia el cielo
durante el día? —Era sólo una pregunta retórica que él
mismo se apresuró a contestar. Al menos, cuando daba
sus conferencias sobre astronomía el tono metálico de
su voz se hacía algo más modulado y pasional, aunque
recitaba las frases sin apenas pausas para respirar—.
Que el Sol sale por el este y se pone por el oeste. ¿Qué
se observa al contemplar el cielo durante la noche?
—Que... —empezó Dionisidoro.
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