Page 21 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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como si lo fuera y le acarició la piel desnuda desde el

            hombro  a  la  cadera.  Le  gustaba  el  cuerpo  del


            macedonio. Era más fibroso que el de Alejandro, y le

            recordaba  a  las  rocas  y  quebradas  de  su  tierra

            bactriana. Lo más importante era que cuando le hacía


            el  amor  no  pensaba  en  otra  cosa.  Al  contrario  que

            Alejandro,  que  pasados  los  primeros  días  debió  de


            aburrirse de ella y cuando se ponía encima parecía que

            estaba  calculando  cuántos  sacos  de  avena  tenía  que

            comprar para dar de comer a los puñeteros caballos de


            su  no  menos  puñetero  ejército.  Pues,  para  su

            mortificación,  Roxana,  la  mujer  más  bella  de  Asia,

            había  acabado  comprendiendo  que  si  Alejandro  se


            había casado con ella era para aliarse con su padre y

            terminar  así  con  la  larga  carnicería  en  que  se  había

            convertido la guerra de Bactria y Sogdiana.



                  —Creo que dentro de dos días celebra un banquete

            —dijo, como al desgaire.


                  –Sí  —respondió  Pérdicas—.  Lo  hará  en  honor  de


            Nearco, que ha vuelto a salvo de su última expedición

            con la flota. Y, por supuesto, también es en honor de

            Hefestión.


                  —Ya. Hefestión. —El nombre del difunto amigo de


            Alejandro siempre le dejaba un resabio de bilis en la

            boca. Que Angra‐Mainyu atormente su alma por toda

            la eternidad.



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