Page 17 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 17
hombres que todos sus enemigos juntos. En cada uno
de esos sitios los jóvenes ardientes que seguían los
sueños de Alejandro se habían ido dejando unos
cuantos jirones del cuerpo y muchos del alma.
Y todo mientras él se endiosaba más. Ya dio un
aviso en Egipto, con aquella expedición al oasis de
Siwah para consultar al oráculo de Zeus—Amón quién
era su verdadero padre. No, claro, a Alejandro no
podía valerle un vulgar Filipo, aunque ese Filipo fuese
el unificador de Macedonia, el conquistador de Grecia,
el creador de la máquina militar que había conquistado
medio mundo con su infantería de sarisas y sus
imparables cargas de caballería. Alejandro necesitaba
un dios como padre, ¿y por qué conformarse con una
divinidad de segunda fila pudiendo elegir al propio
Zeus?
Después, el ritual de la prosternación. Alejandro no
sólo se consideraba vencedor de Darío, sino también su
legítimo heredero, y había insistido en que todos
respetaran los rituales de la corte persa. Los
macedonios habían conseguido a duras penas que en
vez de arrastrarse y clavar las rodillas ante él, como
hacían los súbditos persas, bastara con una inclinación
de cabeza para mostrar su respeto al hombre al que
nunca habían llamado «rey» ni «señor», sino Alejandro
a secas. Pero sólo tras acerbas discusiones, y después
17

