Page 22 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Así que volverá a beber la copa de Heracles en su
honor —añadió Pérdicas.
—A eso iba. Será el último vino que beba Alejandro.
Pérdicas se apartó un poco de ella y la miró de lado,
incómodo. Llevaban un tiempo planeándolo, tanto que
no sabía en qué momento se había colado por primera
vez entre ellos el sustantivo «muerte»; mas a pesar de
eso seguían asustándole las palabras. Sí, él también
quería que Alejandro desapareciera de su vida y de la
de todos, pero sin ensangrentarse las manos, sin tan
siquiera mancharse los labios.
Roxana se giró en la cama, apartó un poco el visillo
y se sentó en el borde. En su lado del lecho había una
mesilla y sobre ésta una caja de madera lacada, traída
de Oriente. De su interior extrajo una bolsa de gamuza
atada con un cordel rojo. La joven soltó el nudo y olió
un poco.
—Ten cuidado... —le dijo Pérdicas, sospechando
que ése era el tóxico.
—La vishamushti sólo es venenosa comiéndola o
bebiéndola.
Pérdicas tomó la bolsa con prevención y examinó el
interior. Estaba llena de un polvillo blancuzco.
Olisqueó con mucha precaución. No percibió nada. En
ese momento, Roxana le metió un dedo en la boca;
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