Page 209 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Clea—. Quod nomen tibei, pailex?
El romano dio un lirón del broche de la capa y se lo
arrancó.
La capa cayó a los pies de Clea, descubriendo la
túnica de seda pegada a su cuerpo. A Néstor se le
nublaron los ojos, y antes de saber muy bien lo que
estaba haciendo se levantó, arremetió contra el romano
y lo derribó de un empujón. Entonces notó como si algo
le estallara en la cabeza y cayó al suelo de bruces.
Pensando que le habían herido se llevó la mano a la
sien, pero no encontró sangre. Al levantar la mirada vio
a través de una miríada de puntos brillantes que el
jinete que le había golpeado con la contera le estaba
dando la vuelta a la lanza para usar esta vez la punta
de hierro.
—Noli im tangere! —restalló una voz.
Cuando el jinete tiró de las riendas e hizo retroceder
a su montura con una corveta, Néstor comprendió que
había estado en un tris de morir. Había cometido una
estupidez al revolverse así contra el oficial. Pero
entonces se dio cuenta de algo asombroso.
Entendía lo que decían los romanos.
El jefe del pelotón se había felicitado por su suerte
al encontrar a una muchacha tan deliciosa, y luego le
había preguntado su nombre utilizando un término
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