Page 204 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 204
desgajando: los romanos habían penetrado igual que el
agua en las grietas de una roca y ahora se expandían
como el hielo que acaba resquebrajándola y
rompiéndola. Las sarisas caían como espigas cortadas
en un trigal. Muchos de los arqueros se habían retirado,
pero otros se arrojaron con valor a la refriega para
ayudar a sus compañeros. Ahora era difícil distinguir a
los combatientes, mezclados como estaban, pues las
plumas de los yelmos romanos volaban o caían en la
refriega.
La batalla se descompuso en centenares de duelos
individuales, y aquí los macedonios estaban en
desventaja. Poco a poco iban quedando aislados en
pequeños grupos, y algunos se retiraron hacia la
ladera, no muy lejos de donde se hallaban Néstor y
Boeto. Ahora que los tenía a poco más de treinta pasos,
el médico comprendió los problemas de los hoplitas.
Seguían luchando con las sarisas rotas, y también con
las espadas y las cópides; pero muchos habían perdido
los broqueles, y aunque otros aún los conservaban,
eran más pequeños que los romanos y tenían que
moverlos sin cesar arriba, abajo y a los lados para
protegerse. En cambio, los legionarios se agazapaban
detrás de sus grandes escudos, avanzaban paso a paso
sobre la pierna izquierda y sólo salían de su protección
para atacar, hasta que por fin alcanzaban el blanco.
204

