Page 205 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Además,  sólo  lanzaban  estocadas,  mientras  que  los

            griegos intentaban tirar tajos, y al hacerlo levantaban


            los  brazos  y  los  hombros  y  ofrecían  más  blanco.

            Resultaba evidente que para los macedonios la espada

            era un arma secundaria, mientras que los romanos la


            esgrimían  con  maestría  y  además  sabían  combatir

            fuera  de  formación.  Cada  vez  había  menos


            macedonios, y los romanos aprovechaban para atacar

            de dos en dos a sus rivales con mortífera eficacia: uno

            amagaba  a  la  cabeza  de  un  hoplita,  el  otro  le


            acuchillaba el muslo por detrás y entonces el primero

            aprovechaba el momento de desconcierto y dolor del

            rival para seccionarle la yugular.


                  Los gritos de agonía sonaban cada vez más cerca.



                  —Estamos en peligro —dijo Boeto.


                  Néstor se le quedó mirando como si le acabara de

            despertar de un sueño. Entonces comprendió que no


            podía seguir siendo observador.


                  —Tienes razón. ¡Corre!


                  Saltaron de las piedras y corrieron entre los árboles,

            dejando atrás el griterío del combate, hasta llegar a una

            pequeña  vereda  que  bajaba  hasta  la  playa.  Néstor


            pensó que, por malo que fuera el estado de la Anfítrite,

            mejor sería aventurarse en las olas que esperar a ser


            masacrados por aquellas máquinas de matar. Aunque




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