Page 210 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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que  no  era  nada  apropiado  para  ella  y  que  había

            provocado la ira de Néstor. Y luego alguien más había


            ordenado al otro jinete que no le tocara.


                  Que nadie se entere de momento, se dijo.


                  Los  escaramuceros  que  los  rodeaban  abrieron  un

            pasillo para dejar pasar al hombre de la cimera roja que


            había dirigido el ataque de los romanos.


                  —Levántate —le dijo en griego—. ¿Quiénes sois y

            qué hacéis aquí?


                  Néstor pensó si merecía la pena inventarse algo y


            un segundo después decidió que no.


                  —Hemos llegado aquí arrastrados por los vientos.

            No  pretendíamos  hollar  vuestro  territorio.  Sólo


            escoltábamos a la noble Agatoclea, hija de Agatocles,

            que es esta dama a la que tu compañero ha arrancado

            la capa. Ella es la esposa de Alejandro.


                  El  hombre  se  acercó  a  Clea  y  la  contempló  con


            atención, agachando un poco la cabeza y entrelazando

            las manos a la espalda. Era más alto que la mayoría de

            sus  hombres,  aunque  no  tanto  como  Néstor,  y  de


            rasgos agraciados: labios carnosos, nariz larga y recta,

            pómulos altos y ojos oscuros, vivos y curiosos. Pese a


            que  no  parecía  tener  más  de  treinta  años,  el  pelo  le

            clareaba por la coronilla, y era obvio por la forma de

            peinarse que aquella calvicie incipiente le molestaba.




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