Page 213 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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volvió hacia sus hombres y dio una serie de órdenes en
su idioma para llevarse a los prisioneros junto con el
botín. Cuando un soldado hizo ademán de echarse al
hombro el baúl de Néstor, éste dijo:
—¡Noble tribuno! Ese arcón es delicado. En él van
mis instrumentos de médico.
Gayo Julio chasqueó los dedos para indicar al
soldado que volviera a dejar el baúl sobre la arena.
Después se acercó a Néstor, le cogió por encima del
codo y se lo llevó un poco aparte, mientras sus hombres
reunían a los prisioneros en una especie de recua.
—¿Es verdad que le salvaste la vida a Alejandro
cuando lo envenenaron?
—En realidad...
—No finjas modestia. Dime la verdad. ¿Lo hiciste?
—Habría muerto si yo no llego a tiempo a Babilonia.
—¿Y también es verdad que abriste el vientre de su
esposa egipcia para alumbrar a sus dos hijos, y que
tanto ella como los mellizos sobrevivieron?
Néstor enarcó las cejas, sorprendido. Las noticias
habían llegado de Alejandría incluso antes que él.
Aquello había sido tan sólo un mes antes. El espionaje
de los romanos no tenía mucho que envidiarle al de los
cartagineses.
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