Page 214 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¿Es verdad? —insistió el tribuno.
—Sí.
Gayo se le acercó aún más. A Néstor no le gustaba
oler el aliento de la gente, pero el tribuno tenía los
dientes limpios y espiraba un hálito fresco que le
recordaba al de Alejandro.
—Cuando salí de Roma, mi hermana pequeña
estaba muy enferma. Ayer recibí una carta en la que me
dicen que ya la dan por muerta. ¿Tú podrías hacer algo
por ella?
—No te lo puedo decir. Desconozco su mal.
—Se cayó de un árbol y se golpeó en la cabeza. Al
principio no pasó nada, pero luego empezó a tener
convulsiones, fiebres... Vomita mucho y está cada vez
más delgada.
—¿Cuántos años tiene?
—Seis.
—Hmm. —Néstor ya se hacía idea de qué podía
tratarse—. Si estuviera en Roma... —Estarás en Roma.
Sabes bien que sois mis prisioneros.
—No puedo prometer nada. Pero tal vez no sea
imposible salvarla.
Gayo Julio le palmeó el hombro.
—Eso es todo lo que quiero oír. No te pediré
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