Page 206 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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con su bastón y su sombrero de paja no tenía mucho
aspecto de guerrero, sabía que en el último estadio de
una batalla los soldados vencedores, llevados por la
ceguera de la matanza y la sed de sangre, no
distinguían a civiles de militares y acuchillaban a todo
lo que tuviera dos piernas.
Allí en la playa todo el mundo estaba mirando hacia
el mar. La Anfitrite había zarpado y se dirigía mar
adentro impulsada por sus remos y con todas las velas
desplegadas.
—¡Perro traidor! —rugía Calias, mientras los
soldados de su guardia enarbolaban los brazos y
proferían insultos en todas las lenguas de Sicilia.
—¿Qué ha pasado? —le preguntó Néstor.
—¡Ese malnacido! Al ver que la batalla iba mal, me
ha dicho que yo tenía razón, y que era preferible que
todos huyéramos en la nave. —A Calias le temblaba la
voz de ira y de miedo.
—No entiendo...
—Ha cogido la única lancha que había en la orilla y
se ha ido al barco.
—¿Cómo le habéis dejado?
—Porque el muy bastardo ha dicho que iba a volver
con los demás botes y...
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