Page 25 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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visto  morir  así  a  muchos  soldados—.  Una  muerte

            horrible.


                  —Por eso elegí la vishamushti cuando Calano me


            habló de ella.


                  —¿Calano sabía que la ibas a usar para...?


                  —Él sólo sabía que yo era una mujer curiosa.


                  Calano  era  un  gimnosofista  de  la  India,  uno  de

            aquellos sabios que se pasaban la vida meditando para


            alcanzar  quién  sabe  qué  extraña  pureza  de

            pensamiento,  como  una  especie  de  imitadores  de


            Platón  o  Pitágoras  vestidos  tan  sólo  con  taparrabos.

            Roxana  y  Calano  hablaban  a  menudo  mientras

            viajaban Indo abajo con la flota y el ejército. En aquel


            entonces Pérdicas, ingenuo de él, había pensado que la

            joven quería saber más sobre las costumbres y religión


            del  país  de  su  madre.  Era  evidente  que  sus

            conversaciones  tenían  un  motivo  más  práctico  y

            siniestro.


                  —La dosis que le daremos a Alejandro será menor


            —dijo Roxana—. Durará más días y las señales serán

            menos exageradas, pero al final morirá igual. La gente

            pensará  que  se  trata  de  una  enfermedad  natural.  En


            esta ciudad rodeada de pantanos y mosquitos, ¿quién

            va a dudarlo?


                  Roxana se volvió al esclavo y le hizo una seña para




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