Page 215 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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milagros, médico. —Volvió a entrecerrar los ojos, pero
esta vez miró hacia el mar y dijo—: He oído decir que
en la lejana Thule queman a los grandes guerreros
dentro de sus barcos. Ese monstruo marino que os ha
traído podría haber sido una pira funeraria digna del
propio Alejandro.
Néstor se volvió. La Anfitrite se hallaba ya casi en el
horizonte. Las velas de sus tres palos estaban ardiendo,
y también brotaban llamas de la cubierta. Ahora
comprendió qué había querido decir Hermolao. «Mi
primera misión es proteger la Anfitrite.» El secreto de
aquella nave no podía caer en manos de los romanos.
Su huida no había sido ninguna traición, sino un
sacrificio; y si había insistido en dejarles en tierra era
para evitar que murieran. ¿Cuántos tripulantes tenía la
nave, entre marineros y remeros? ¿Mil?
La guerra de Alejandro contra Roma empezaba a
cobrarse sus primeras víctimas.
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