Page 217 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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eran griegos de Italia que les habían servido de guías e

            intérpretes en su viaje desde Brentesio, en el tacón de


            la  península,  hasta  Posidonia.  Por  el  camino  habían

            dado  más  de  un  rodeo,  pues  Alejandro  les  había

            encomendado  la  misión  de  buscar  pactos  y  alianzas


            con las tribus de la zona. Entre la costa oriental y la

            occidental se extendía una región agreste que, por no


            despear a los caballos, habían tenido que recorrer a pie

            en su mayor parte, siempre atentos a las emboscadas.

            Los lucanos, brutios y samnitas que habitaban aquellos


            montes  eran  guerreros  duros,  desconfiados  y

            traicioneros  por  naturaleza;  no  muy  distintos  de  los

            propios macedonios antes de Filipo, cuando eran poco


            más  que  unos  bárbaros  acosados  por  los  vecinos  y

            arrinconados  en  sus  montañas  y  sus  estrechas

            torrenteras.



                  Algunos de esos pueblos, al saber que pretendían

            hacer  la  guerra  contra  Roma,  les  habían  brindado

            hospitalidad  e  incluso  les  habían  prometido  tropas.


            Pérdicas les había pedido que esperaran. De momento,

            Alejandro no quería en su ejército tropas italianas que


            no hablaran griego.


                  En la fortaleza samnita de Venusia, el magistrado

            local, un anciano llamado Lamponio, les había dicho:


                  —Tened  mucho  cuidado  con  los  romanos.  Son

            mezquinos y avaros, y no tienen muchas luces, pero



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