Page 218 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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son muy testarudos y acaban consiguiendo todo lo que
se proponen. Si tienen que horadar un monte para
vaciar un lago, lo hacen aunque tengan que cavar
veinte estadios de roca dura. Ni las montañas se les
resisten.
—Tampoco se le resisten a nuestro señor Alejandro
—había respondido Gavanes con orgullo. El samnita
meneó la cabeza.
—Aún así decidle que no se confíe. Las legiones
romanas son un hueso duro de roer y no sería vuestro
rey el primero que se queda sin dientes al morderlo.
—Los derrotará.
—Derrotarlos no sirve de nada, porque se niegan a
rendirse, e incluso a reconocer la derrota. Lo único que
podéis hacer con ellos es aniquilarlos, derribar sus
casas y sus murallas y echar sal en la tierra para que no
vuelva a crecer nada allí. De lo contrario, se levantarán
y volverán contra vosotros.
Ahora, tras dejar por fin las montañas, agradecían
cabalgar de nuevo a la vista del mar. Pérdicas clavó la
rodilla en su caballo, que giró hacia la izquierda,
alejándose del río, y los demás le siguieron.
El campamento macedonio no tardó en aparecer a
la vista, una ciudad sembrada de tiendas y gallardetes
de todos los colores que se extendía a lo largo de la
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