Page 216 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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LOS CABALLEROS DE AHURA MAZDA
He oído decir que si se moja una rama con agua de
este río se convierte en piedra —dijo Gavanes,
señalando al Sílaris, que corría a la izquierda de los
jinetes. Pérdicas soltó la carcajada.
—¡Bah! Seguramente alguien empezó diciendo que
sus aguas eran buenas para curar la impotencia, y de
ahí se inventaron lo de que el palo se convierte en
piedra.
Gavanes, sobrino de Pérdicas, frunció el ceño con
cara de no entender. Ligio, el oficial macedonio que
cabalgaba a su lado, se lo explicó. Gavanes enrojeció un
poco, no por la alusión sexual, ya que se había criado
en Orestis escuchando todo tipo de comentarios soeces,
sino avergonzado de no haber caído en la cuenta.
Pérdicas sonrió. De joven le ocurría igual cuando
estaba con los veteranos como Parmenión, Leónidas o
el propio Filipo: tenía tanto afán de serles simpático y
mostrarse digno de su compañía que se ponía nervioso,
se aturullaba y acababa tartamudeando sinsentidos.
Tras ellos cabalgaban doscientos jinetes que
Pérdicas había traído de Macedonia, jóvenes recién
ascendidos a la caballería de los Compañeros que
estaban deseando entrar en acción, más trescientos
soldados de infantería que venían montados a lomos
de otros tantos caballos de remonta. De ellos, la mitad
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