Page 221 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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fracasó, Pérdicas pensó que las culpas y el miedo de ser

            descubierto iban a matarlo. Pero Alejandro sentía tal


            aborrecimiento por Casandro y desconfiaba tanto de

            Antípatro  que  había  aceptado  gustoso  la  historia

            confesada por Nina bajo los garfios de tortura, salvo en


            la parte en que implicaba a Aristóteles. Las sospechas

            no habían llegado a rozar tan siquiera a Pérdicas ni a


            Roxana.  Además,  durante  el  primer  mes  Pérdicas

            apenas había visto a Alejandro, que pasaba la mayor

            parte de su tiempo con Néstor.


                  Que se lo llevaran Empusa y Lamia, pero había que


            reconocer que el médico había hecho un buen trabajo

            con  Alejandro.  En  un  mes  había  conseguido  que

            abandonara  el  vino,  hasta  el  punto  de  que  ya  no  lo


            cataba  ni  en  los  sacrificios  a  Dionisio.  Conforme  se

            desintoxicaba, Alejandro fue recuperando ciertas dosis


            de  sentido  común  y  dejó  de  ser  un  peligro  para  sus

            propios  amigos.  Sin  renunciar  a  sus  planes  de

            conquistar todo el orbe conocido, decidió al menos que


            debía  sentarse  a  programar  sus  movimientos  con  la

            misma previsión y meticulosidad de antaño. Cuando la


            flota partió hacia Arabia, ya no se trataba de aquella

            locura megalómana que había concebido al entrar en

            Babilonia,  mil  barcos  y  cien  mil  hombres  que  no


            habrían  encontrado  alimentos  ni  agua  potable  en

            ninguna  parte,  sino  una  expedición  de  tamaño




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