Page 222 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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razonable. Además, abandonó la idea de viajar
personalmente con la flota exploradora, pues
comprendía que no podía ausentarse más de un año
del corazón del imperio, y menos cuando aún tenía que
arreglar cuentas con Casandro y Antípatro en la propia
Macedonia.
Al saber que Alejandro no iba, Pérdicas vio que las
puertas del Olimpo se abrían ante él y se presentó
voluntario a la expedición. Era la mejor manera de
alejarse durante un tiempo del rey, de otros generales
que habrían podido sospechar de él y, sobre todo, de
Roxana, que no hacía más que enviarle mensajes
amenazantes para apremiarle a que volviera a verla.
La expedición de Arabia había sido un viaje de mil
demonios, quince meses en los que sufrieron
penalidades sin cuento, perdieron la tercera parte de
los hombres y los barcos y recorrieron las costas más
desiertas y agrestes que Pérdicas había visto en su vida,
aunque Nearco le aseguró que las costas de Gedrosia y
Carmania eran aún peores. También habían
encontrado parajes de una belleza increíble y como
compensación habían traído miles de talentos de
plantas aromáticas que valían casi su precio en oro.
Cuando Pérdicas volvió a encontrarse con el rey en
Alejandría, casi un año y medio después, se sorprendió
al descubrir en sí mismo una alegría sincera, y aún más
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