Page 27 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Si es que es hijo de Alejandro, pensó Pérdicas. Al
menos, él tenía la tez más bien clara y el cabello del
color del trigo: si la criatura era suya y se parecía a él
en vez de a Roxana, podría pasar por hijo de Alejandro.
—¿Qué pueden hacer tus orgullosos macedonios?
¿Elegir a Arrideo para que se limpie las babas con el
manto de púrpura? —añadió Roxana, refiriéndose al
hermanastro tarado de Alejandro.
–¿Y si nace una niña?
Roxana se levantó de la cama, pasó rozapdo al
esclavo como si fuera un mueble y tomó las ropas que
había doblado sobre el arcón. Mientras se vestía le
explicó:
—Ya había pensado en eso. Será un niño.
—¿Cómo estás tan segura? —preguntó Pérdicas,
recogiendo su propia túnica del suelo.
—Las mujeres sabemos esas cosas. Pero si fuera
niña, tendré a mano un varón recién nacido en el
momento oportuno. Pérdicas comprendió. En ningún
caso habría niña.
—Es una lástima. Una hija tuya y mía podría ser
muy bella. Incluso más bella que tú.
—Si alguna vez tengo una hija más guapa que yo, la
mataré. Roxana sólo sonrió con la boca, y a Pérdicas se
le heló la sangre en las venas al comprender que
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