Page 241 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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abandonaban hasta la tumba. Cuando peleaba contra
los demás niños del Argileto con espadas de madera y
escudos de mimbre, ya era el más hábil en la esgrima y
el más astuto en las tácticas. A los ocho años se había
convertido en el cabecilla de todos, incluidos chicos
plebeyos que le sacaban cuatro años de edad y un
palmo de estatura, y con ese pequeño ejército había
derrotado en una batalla épica a los del barrio de la
Subura, que presumían de ser los más duros de Roma.
En casa, mientras su hermana y sus primos jugaban en
el patio, él escuchaba sin pestañear las conversaciones
de su padre, su abuelo y sus tíos sobre las campañas
contra latinos, etruscos y samnitas, y los primeros
textos que había leído con su maestro de griego no
habían sido los versos de Homero ni las tragedias de
Sófocles, sino los tratados militares y políticos de
Tucídides y Jenofonte.
Quitando el de ayer, que apenas había empezado a
paladear, el día más feliz de su vida había sido cuando
lo reclutaron a los diecisiete años. Aunque como
patricio de las primeras centurias servía en la
caballería, durante las dos primeras campañas empuñó
el pilum, el escudo y la espada para conocer las
destrezas y sensaciones de la infantería de línea y
después poder mandarla en combate. Había
sobrellevado de buen grado las novatadas de los
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