Page 272 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Mucho.


                  Alejandro meneó la cabeza.


                  —Ojalá  pudiera  decir  lo  mismo  yo  de  Roxana.


            Menos mal que, como decía Filipo —Alejandro nunca

            se refería a él como «mi padre»—, cuando un rey no se

            lleva  bien  con  su  esposa  puede  permitirse  el  lujo  de


            casarse seis o siete veces más.


                  Lisanias observó que, al oír el nombre de Roxana,

            Pérdicas apartaba la vista de Alejandro y miraba hacia

            el mar. Una rápida sospecha se le pasó por la cabeza,


            pero  le  pareció  tan  descabellada  que  la  desechó  al

            instante.


                  —He oído en la ciudad que aún no se sabe aún nada


            del barco que traía a Agatoclea —comentó Pérdicas.


                  Alejandro asintió sin decir nada. Lisanias sabía que

            estaba muy preocupado. No tanto por la joven pelirroja


            de  Siracusa,  ya  que  su  muerte  no  supondría  un

            percance  irremediable.  Su  padre  estaba  más  que

            dispuesto  a  mantener  la  alianza  con  Alejandro  a


            cambio de tener las manos libres en Sicilia y un aliado

            poderoso  en  su  enfrentamiento  contra  Cartago.  Si

            Agatocles no tenía más hijas, seguro que encontraría


            alguna  prima  o  sobrina  para  emparentarse  con

            Alejandro. Tampoco se trataba de la posible pérdida de


            la Anfítrite, aunque era el primer barco de su clase y le




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