Page 415 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 415

acallaron los del dictador.


                  —¡Inútiles! —bramaba con una voz digna del mítico

            Esténtor—. ¡Se supone que tenéis que usar el pilo para


            matar al enemigo, no para sacarle los ojos al compañero

            que tenéis detrás!


                  A su derecha, cerca de un bosquecillo, unos cuantos


            jinetes practicaban ejercicios de doma con sus corceles.

            El propio Gayo había servido en la caballería antes de

            que  lo  nombraran  tribuno.  Si  bien  la  escasez  de  su


            patrimonio le impedía estar entre el puñado de familias

            que dominaban la república desde hacía cerca de cien

            años,  sí  que  pertenecía  a  las  dieciocho  centurias  que


            votaban  primero  en  todas  las  elecciones  y  cuyos

            miembros tenían derecho a recibir un caballo público


            del  Estado.  Pero,  en  su  opinión,  la  mejor  forma  de

            aprender y sentir la milicia era en la infantería, con los

            pies  en  el  suelo,  viendo  lo  mismo  que  veían  los


            soldados de línea y tragando el mismo polvo que ellos.


                  —No  tenéis  mala  caballería  —dijo  una  voz  con

            fuerte acento extranjero—. Para vencer a los samnitas,


            tal vez os baste. A los macedonios, lo dudo.


                  Gayo  se  volvió.  Su  interlocutor  era  un  hombre

            delgado  y  menudo,  calvo  y  de  mejillas  chupadas.

            Vestía ropas lujosas con abundantes bordados de oro y


            franjas de púrpura de Tiro, y tenía la nariz aguileña y

            los ojos oscuros y astutos. Gayo recordó que lo había


                                                              415
   410   411   412   413   414   415   416   417   418   419   420