Page 414 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¿Y el médico? ¿Qué me dices de ese médico?
—Es uno de los Compañeros del Rey, señor —
respondió Gayo—. Su rango entre los macedonios es
parecido al de un patricio condecorado con la corona
cívica. Está vigilado en todo momento, pero no creo
que sea digno de Roma tratar a un médico tan
distinguido como si fuera un vulgar plebeyo.
—Piensas demasiado por tu cuenta, tribuno. No es
la imaginación la que ha llevado a Roma a conquistar
el Lacio, sino la disciplina y la obediencia a las órdenes.
—También fui yo quien le autorizó, Lucio Papirio.
La responsabilidad es mía —volvió a terciar Escipión.
Papirio enrojeció y agachó la barbilla como un
carnero a punto de embestir. En ese momento debió de
pensar que no convenía echarle una reprimenda a un
pretor delante de un oficial inferior, y se volvió hacia
Gayo.
—Sal de aquí, tribuno. Tengo que hablar con el
pretor.
Gayo se cuadró ante él y, sin mirar atrás, bajó por la
escalinata que llevaba al Campo de Marte. Papirio no
esperó demasiado para empezar a echarle el rapapolvo
a Escipión, pero Gayo prefirió alejarse y no oírlo. Siguió
caminando por el prado hasta que los gritos de un
centurión que instruía a los astados a cien pasos de allí
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