Page 413 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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pegado a cada hombro y a otro más tocándoles el culo

            para reunir algo de valor.


                  —No  creo  que  esos  macedonios  fueran  cobardes,


            señor. Lucharon con bravura. Aunque, por supuesto,

            no eran romanos.


                  —Tú  los  derrotaste.  ¿Por  qué  demonios  los


            defiendes ahora?


                  Porque para vencer y aniquilar al enemigo hay que

            conocerlo  y  apreciarlo  tanto  como  a  tus  propios

            hombres, tarugo, pensó Gayo.



                  —Creo  que  de  la  batalla  del  monte  Circeo  no

            debiéramos extraer más consecuencias de las debidas

            —respondió—. Alejandro no lucha sólo con infantería


            pesada,  sino  también  con  honderos,  arqueros,

            infantería ligera y, sobre todo, caballería.


                  —No necesito lecciones de táctica militar, tribuno.


            Cuando  aún  aprendías  a  dar  pasos  pegado  a  tu

            andador  yo  ya  mandaba  legiones  —dijo  Papirio,

            señalándole  con  el  dedo—.  Ahora  quiero  saber  qué


            hacen esos prisioneros en tu casa.


                  Escipión se adelantó un paso, casi interponiéndose

            entre ambos.


                  —Yo  le  di  la  autorización,  Lucio  Papirio.  No  me


            pareció apropiado  encerrar a la esposa de  Alejandro

            junto con la soldadesca en el Tuliano.



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