Page 439 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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que  los  dioses  habían  privilegiado  con  un  físico

            formidable  en  detrimento  de  su  inteligencia,  estaba


            convencido de que lo que servía para su unidad debía

            por fuerza valer para todas.


                  Pérdicas, por su parte, no sabía qué pensar. Cuanto


            menos  papel  tuviera  la  infantería,  mayor  sería  el

            protagonismo de la caballería y más gloria obtendría

            él. Pero si los legionarios aplastaban a la falange, la casi


            segura  victoria  de  los  Compañeros  sobre  los  jinetes

            romanos sería estéril.


                  —Puede               buscarse            un         equilibrio            —sugirió

            Glaucias—.  Acortar  un  par  de  codos  las  sarisas  y


            blindar los escudos con chapas finas.


                  —No.


                  Todos  se  volvieron  hacia  Alejandro.  Aunque  no


            había alzado la voz, su «no» había restallado como un

            latigazo.


                  —Somos nosotros los que hemos vencido al persa y

            hemos doblegado a nuestra voluntad ríos, desiertos y


            montañas  —dijo,  sin  levantarse  del  sitial—.  No

            cambiaremos nuestra forma de luchar pensando en el

            enemigo.  Eso  le  haría  pensar  que  nos  consideramos


            inferiores  a  él,  y  ya  le  estaríamos  concediendo  la

            primera ventaja moral. La táctica que nos ha servido


            siempre  volverá  a  funcionar  como  en  Iso  y  en




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