Page 441 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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siquiera  he  llegado  a  ver.  Los  romanos  tienen  en  su

            poder a mi esposa, si es que no la han asesinado. —


            Alejandro hizo una pausa y Pérdicas creyó leer en sus

            labios: «Y a mi médico»—. Pero los azares de la guerra

            son imprevisibles y a menudo crueles. Yo os pregunto:


            ¿confiáis en mí?


                  Todos contestaron que sí.


                  —Entonces no os preocupéis. Desterrad todo temor.

            Yo os llevaré de nuevo a la victoria.


                  Alejandro bajó del estrado y se encaminó a la salida.


            Pero antes de llegar pareció recordar algo y se dio la

            vuelta.


                  –Quiero  que  todos  hagáis  correr  este  rumor:  los


            romanos  que  derrotaron  a  nuestros  hombres  en  el

            Circeo eran una legión entera. Hay que mantener alta


            la moral de los soldados. Por eso deben estar ocupados

            en  todo  momento.  Voy  a  subir  el  premio  para  el

            certamen  de  esgrima.  Además  de  la  armadura  de


            cuatro  talentos,  añadiré  un  corcel  de  guerra.  Ahora,

            Eumenes,  acompáñame.  Tenemos  otros  asuntos  que

            resolver.


                  El secretario, con gesto tan sorprendido como los


            demás,  siguió  al  rey  y  salió  con  él  de  la  tienda.  La

            marcha de Alejandro fue tan repentina que a los demás


            generales no les dio tiempo siquiera a levantarse de sus




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