Page 454 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 454

campamento  fuese  un  espejo  de  las  luminarias  que

            aparecían  en  el  firmamento.  Poco  a  poco  el  borrón


            blanco y rojizo de Ícaro se hizo más nítido, hasta que se

            hizo visible en todo su esplendor. Su cabeza rojiza se

            dirigía ya hacia el Dragón mientras su larga cabellera


            atravesaba las últimas estrellas de la Osa Pequeña.


                  Lisanias estaba preocupado. Sabía que la actuación

            de  Alejandro  en  la  reunión  había  provocado


            desconcierto e incluso escándalo entre sus generales. Él

            mismo no sabía muy bien a qué extraño juego apostaba

            el  rey.  Le  inquietaba  sobremanera  saber  que  los


            romanos  habían  derrotado  a  una  fuerza  macedonia.

            Sabía  que  las  tropas  de  Alejandro  habían  sufrido

            desastres peores en otras ocasiones. En la campaña de


            Sogdiana,  por  ejemplo,  los  jinetes  escitas  del  sátrapa

            Espitamenes habían aniquilado a dos mil soldados de


            infantería y trescientos de caballería. Pero entonces se

            había tratado de una emboscada en un territorio hostil,

            junto  a  las  escarpadas  orillas  del  río  Politimeto;


            mientras que ahora la falange había sido derrotada de

            frente  y  en  un  llano,  el  más  apropiado  para  sus


            evoluciones. Les habían vencido en su propio terreno y

            de forma devastadora por primera vez.


                  —No  tiene  tanta  importancia  —le  insistía

            Alejandro—. En la guerra, es mejor sufrir los reveses al


            principio y volverse más cautelosos que empezar con



                                                              454
   449   450   451   452   453   454   455   456   457   458   459