Page 459 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 459
que acompañaba a Alejandro, sino alguien que gozaba
de su más alta estima.
—¿Qué tal ha ido todo? —preguntó Alejandro
cuando vio que Crátero había saciado su hambre.
—Bien. He tomado contacto con las tribus de...
Espera que te diga el nombre. —Crátero se miró el
antebrazo, donde se había escrito algunas palabras con
tinta azul—. Picentinos, frentanos, marrocinos,
vestinos y pelignos. Ya no tengo cabeza para
acordarme de tantos nombres.
—No me extraña. En mi vida había oído hablar de
ellos. —Por primera vez en todo el día, Alejandro
parecía de buen humor—. Cuéntame qué te han dicho.
—Les he convencido de que tu único interés es
acabar con el poder de Roma en el centro de Italia. Que
quieres tener las manos libres para que nuestros barcos
puedan viajar tranquilos de Sicilia a Córcega y de ahí a
Masalia, pero que no pretendes sojuzgarlos a ellos.
—Nunca he pretendido sojuzgar a nadie —aseguró
Alejandro, con tanta sinceridad que incluso él parecía
creérselo—. Siempre que no interfieran, respetaré su
independencia. ¿Podemos fiarnos de ellos?
—Son pueblos orgullosos y aguerridos. En números
no son demasiados, cierto es, pero podrían tendernos
alguna emboscada en las montañas. Por eso he tomado
459

