Page 460 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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rehenes de las familias de todos sus jefecillos y régulos.
Los guardo a buen recaudo en Ortona, un puerto del
Golfo Jonio que pertenece a los frentinos. Las piezas ya
han llegado allí, y a estas alturas las deben de estar
transportando hacia el oeste. He dejado a Ofelas al
cargo.
Alejandro miró a ambos lados y bajó la voz.
—Hay un espía entre nosotros. Es mejor que no
hables más de eso, Crátero.
—¿Un espía? —El general soltó una carcajada—.
Sería estupendo si sólo hubiese uno. ¿Cuántos de todos
esos vivanderos y parásitos que se nos han pegado en
Posidonia crees que no son espías?
—No me preocupan tanto. Tengo controlados todos
los pasos del promontorio de Sirenusas. Sólo puede
pasar hacia Campania quien yo quiera.
—No existen las líneas ni las fronteras
impermeables. Lo sabes. Alejandro se encogió de
hombros.
—Que los romanos conozcan cuáles son nuestros
efectivos no me preocupa demasiado. Cuando hablo de
un espía me refiero a alguien muy cercano, y a muy alto
nivel. Jefes, organización, planes... He interceptado este
mensaje —dijo, tendiéndole un rollo atado con una
cinta.
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