Page 464 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 464

balaustrada que se asomaba al norte. La luna aún no

            había  salido  y  el  cielo  estaba  tachonado  de  estrellas,


            una corte de honor para el cometa que reinaba en el

            firmamento.


                  —Tengo otra misión para ti, Crátero.


                  El general se rellenó la copa de vino y se reunió con


            Alejandro en la baranda, sin decir nada.


                  —Mañana partirás hacia Roma.


                  —Entonces ya casi ni me baño. Para recoger el polvo

            del camino otra vez...


                  —Ya he intercambiado heraldos con ellos, así que


            vuestra  embajada  estará  protegida  por  los  dioses.

            Llevarás cincuenta hombres contigo.


                  —¿Qué mensaje debo comunicarles?


                  —Quiero la Campania. Ellos no deben acercarse a


            menos de cien estadios de Capua.


                  —No aceptarán.


                  –Claro que no aceptarán. Pero ganaremos algo de

            tiempo.



                  Lisanias, recordando los consejos de Espeusipo, jefe

            de los pajes en Babilonia, seguía inmóvil y silencioso

            como un mueble. Pero en su interior se preguntaba qué


            pretendía Alejandro. ¿Por qué no se ponían en marcha

            ya? ¿Qué tiempo quería ganar si el ejército ya estaba




                                                              464
   459   460   461   462   463   464   465   466   467   468   469