Page 478 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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convirtiéndose en mi amigo. ¿Querrías examinarlo?
—Soy vuestro prisionero —respondió Néstor,
encogiéndose de hombros—. ¿Acaso puedo decidir
otra cosa?
—Eres prisionero de Gayo y de la República, no mío
—respondió Escipión, con gesto casi dolido—. Ayer le
devolviste la vida a mi cuñada y la sonrisa a mi esposa.
Sólo por eso te debo gratitud eterna. Pero lo que te pido
ahora es a título personal. Gayo Julio ha dado su
consentimiento.
Néstor asintió y por un instante pensó en pedir
disculpas, pero cerró la boca cuando estaba a punto de
hacerlo. Mejor que Escipión siguiera sintiéndose en
deuda y viéndolo como médico, no como rehén.
En ese momento, uno de los legionarios que
vigilaban a Néstor se acercó corriendo y dijo algo a
Escipión. Éste asintió.
—Acompáñame un momento, por favor —le pidió
al médico.
Llegaron ante el aposento de Clea, donde otro
soldado montaba guardia. Escipión llamó con los
nudillos. La puerta se entornó y apareció el rostro de
Ada, la esclava de Clea. Cuando iba a decir algo, una
mano tiró de ella para apartarla y la propia Clea
apareció en el umbral. Al verla, el corazón de Néstor se
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