Page 481 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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roca con una desviación de menos de dos codos.
Su manía constructora se apreciaba aún más al
llegar a la ciudad. Estaban añadiendo cinco codos de
altura a la muralla, que ya era de por sí respetable. Los
sillares eran de una toba calcárea relativamente blanda
que traían de Veyes, pero a cambio estaban labrados en
bloques rectangulares que encajaban perfectamente y
tenían más de ocho codos de grosor; no resultaría fácil
derruirlos, ni siquiera con las máquinas de guerra de
Alejandro. Tras entrar por la puerta Capena, el grupo
conducido por el tribuno había pasado bajo un
acueducto también en construcción, el Aqua Junia. Era
una gran arcada que cruzaba la calle a unos veinte
codos de altura, y estaba previsto que antes de diez
días fuese inaugurada por Junio Bruto, el censor que
había promovido la obra.
Sin duda la amenaza de Alejandro había motivado
las obras de la muralla y la construcción de la calzada
y del acueducto, pues los romanos conocían bien el
destino que habían sufrido ciudades como Tiro,
Halicarnaso o Damasco. Pero eso no lo explicaba todo:
construir, reformar, fabricar y crecer eran parte de su
naturaleza. Mientras Néstor recorría el Argileto y el
Foro, como unos días antes cuando atravesó la ciudad
por la Vía Sacra, perdió la cuenta de los albañiles,
marmolistas y carpinteros encaramados a los
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