Page 48 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 48

otra vez. La descocada esclava de la red de plata acudió

            con una jarra y todos los ojos siguieron el tintineo de la


            malla. Lisanias pensó que el rey no debería beber tanto,

            y que si quería que sus planes no salieran de allí sería

            mejor  que  no  hablara  delante  de  tanta  gente,


            incluyendo a los pajes reales.


                  Aunque  yo  no  diré  nada,  se  prometió,  y  con  un

            estremecimiento  se  dio  cuenta  de  que,  de  forma


            indirecta,  acababa  de  recibir  la  primera  orden  de

            Alejandro. Y por Hécate y la propia Estigia que la iba a

            cumplir.


                  —Mientras Nearco recorre Arabia y funda nuevas


            ciudades —dijo Alejandro—, tú, Ptolomeo, construirás

            una  gran  calzada  que  unirá  Alejandría  con  Cirene.


            Quiero  una  Ruta  Real  como  la  de  los  persas,

            empedrada, con pozos y casas de postas, que recorra

            todo  el  norte  de  África  para  que  un  ejército  pueda


            recorrer por ella doscientos estadios al día. Cuando la

            calzada llegue a Cirene, haremos que siga al oeste hasta


            Cartago y más allá.


                  ¡Cartago! A Lisanias se le escapó un silbido entre

            dientes  y  el  compañero  de  la  derecha  le  miró  con

            severidad. Los marineros que desembarcaban en Pela,


            la capital macedonia, se hacían lenguas de Cartago y

            aseguraban que era tan rica y populosa como Atenas,

            Siracusa y Corinto juntas. Podía poner a la vez más de



                                                              48
   43   44   45   46   47   48   49   50   51   52   53